Narices

Mi mamá pasa la mitad de su tiempo libre hurgándose la nariz, y lo hace de una manera muy curiosa, por así decirlo. Cuando yo era niña mi papá me decía que si me hurgaba la nariz con el dedo pulgar, ésta se deformaría y se haría fea. Desde entonces he procurado hurgarme la nariz únicamente con el dedo meñique o, en su defecto, con el dedo anular. Puesto que mi tabique se está desviando (o esa impresión tengo) me pregunto qué he hecho mal y pongo en tela de juicio la veracidad de los sermones de mi padre. Con esto quiero decir que, muy probablemente, hurgarse la nariz con otro dedo que no sea el pulgar no sólo no es inocuo, sino que además puede ser contraproducente.
He observado con detenimiento las narices de la gente bonita en los últimos días, y he llegado a la conclusión de que ellos, todos, la beautiful people, se hurgan la nariz con el dedo pulgar. ¿Cómo lo sé? Hasta un idiota se da cuenta de ello poniendo atención en las proporciones de las fosas nasales y en la relación dedo-fosa que es tan similar.
Mi mamá tiene una nariz muy bonita —por no decir perfecta— y eso es algo que me intriga y da puntos a favor de mi teoría. A mí, por ejemplo, no me gusta la nariz de Nicole Kidman: cero, nada, cuero mil. Es demasiado respingada y a leguas se nota que ni siquiera introduce dedos en su nariz, sino que la muy descarada usa hisopos porque le dan asco sus propios mocos, o bien, porque tiene miedo de “deformarse”: LAMENTABLE. Si el mundo está como está, es gracias a personas como ella. ¡Bravo, Nicole! Un aplauso para ti.
La gente que se mete chetos en las fosas nasales y canta I am the walrus con menuda coquetería, es la gente que vale la pena, la que está en los libros de historia, la que despierta pasiones aun sin estar peinadas o llevar maquillaje. Yo una vez me enamoré de un fiel practicante de esta actividad recreativa y fue maravilloso, aunque me rompiera el corazón. Después de todo, siempre tengo mi Resistol 5000 a la mano para pegarlo cuando es posible, o para drogarme como ultima ratio en situaciones extremas, ya saben: para sobrevivir.
La gente que no se hurga la nariz en lo absoluto me da asco sobremanera, y así como relamerse el cabello hacia atrás debería ser un delito que se pague con la propia vida, abstenerse a hurgarse la nariz por vanidad o por pura necedad debería ser considerado por la Iglesia Católica como el octavo pecado capital. La verdad, gente así, es despreciable. Y me entristece que se nieguen el placer de sacarse los mocos por su estúpida inseguridad, por sus estúpidos tabúes sociales.
¿Quieres conquistarme? Pícate la nariz, sácate un moco, y embárramelo en la cara. ¿Hacernos el amor? ¿Para qué? Si siempre estará el dedo pulgar.
Bésame, mocoso.
Pelo, en Ella tiene hambre








